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jueves, 15 de junio de 2017

UN POETA NO ES UN PARIA



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UN POETA NO ES UN PARIA.



Permitidme unas preguntas,
amigas y amigos míos,
¿no es acaso la cultura
en nuestra España querida
cenicienta inveterada?
Y, ¿hay cosa más sin sentido 
por amor a la poesía
que ser poeta en España?


Me diréis por qué lo digo,
que escribir es encomiable. 
Pues, sabeđ, yo no hablo en balde:
no son muchos los poetas
que superan la proeza
de conseguir publicar 
sin que sufran sus bolsillos,
y lo digo y es verdad.


Que hayan de pagar por ello
yo pienso que no es bonito,
y no he de ser Valle Inclán
para que pueda cantar
el esperpento que sigue
“in aeternum sine die”
campando en el nuevo siglo
por nuestra España ancestral.


Pero, en fin, ¡ajo y resina!,
corazón hago de tripas 
porque soy un caballero
andante como Quijano, 
aunque no tenga una lanza
ni bendito rocín flaco 
ni tampoco adarga antigua
ni galgo que a mí me siga.


¡Vaya!, que soy un señor 
con sangre de caballero,
sin título ni mansión 
y sin ganas de tenerlos
que hace corazón de tripas 
y ando a torso descubierto 
dispuesto a sufrir la tira
por servir a la poesía.


Y aquí me tenéis dispuesto 
para proclamar mis versos
después de haber defendido 
y de haber dejado dicho 
que un poeta no es un paria
pero sí la cenicienta
en esta querida aldea
que es nuestra querida España.


Lo digo, sí, y lo tripito
sin reparos ni remilgos
porque ya estoy hasta el pito
de no gritar lo que pienso
y acaso piensas conmigo,
que un poeta no es un paria,
que un poeta no es un paria,
que un poeta no es un paria.


Antonio Capilla Loma, Pozuelo de Alarcón, 15-6-2017

3 comentarios:

  1. Ser un paria y que sufran los bolsillos no es mala condición, es peor sufrir al poeta con los bolsillos llenos de reconocimiento.

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  2. Es verdad, Raúl. Pero es triste que se aprovechen y abusen siempre del sudor ajeno, ya sea intelectual o manual.

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    1. Medios libres para un libre esparcimiento. Que lo que hacemos con nuestro sudor pueda estar en cualquier plato y cualquier mesa, a beneficio de los comensales. De nada vale encerrarnos entre libros y encuadernaciones (el precio no es aprecio -en lo que compete a lo nuestro-, es un corsé para posibles lecturas).

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